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¿Cómo una religiosa mexicana ha sido fiel a Dios por 70 años? Este es su secreto

CIUDAD DE MÉXICO, Sor María de la Cruz Real Mejía es una religiosa de la congregación de Hermanas Josefinas (México) que lleva 70 años de vida consagrada al servicio de la Iglesia y cumplirá 100 años de edad el próximo 23 de noviembre.

Su historia de vida es toda una inspiración para jóvenes aspirantes al noviciado, hermanas de congregación y para toda persona que vive una inquietud vocacional. A sus casi 100 años, la hermana “Crucita”, como le conocen, asegura sentirse muy feliz porque el Señor y la Santísima Virgen María siempre la han acompañado.

En entrevista para ACI Prensa, la religiosa aseguró que el secreto de su perseverancia siempre fue su confianza en la misericordia de Dios y el apoyo de la Santísima Virgen María.

“A la Santísima Virgen le digo ‘cuídame, ya sabes que soy tuya. Líbrame de las acechanzas del demonio’. La Santísima Virgen ha tenido mucho cuidado de mí”, manifestó.

En ese sentido, dijo que a través del Santo Rosario logró perseverar ante la tentación de abandonar en muchas ocasiones la vida religiosa.

“Una de las tentaciones más fuertes fue el querer salir de la vida religiosa porque había muchas dificultades en el hospital donde estuve. Los doctores me animaban a que me saliera, pero yo confié en Dios y en la Santísima Virgen. Y aquí estoy gracias a ellos”, aseguró.

La hermana Crucita nació el 23 de noviembre de 1917 en el municipio El Oro, en Estado de México. Desde muy pequeña descubrió su amor por Cristo y la Iglesia gracias a la devoción de sus padres, quienes la llevaban a Misa.

“Siempre me ha gustado ir a Misa, yo tenía un tío sacristán y me gustaba andar con él. Entonces yo siempre estaba pendiente de las cosas del Señor”, contó.

Un día, cuando llegaron unas religiosas a su tierra natal, le gustó la idea de la vocación religiosa. Inclusive, ingresó a un convento de clausura donde solo permaneció dos años debido a una enfermedad, y luego regresó a casa.

Conoció a la Congregación de las Hermanas Josefinas cuando un sacerdote amigo la llevó a la Cruz Roja de Toluca, lugar al que la Madre Crucita asistió para aprender a inyectar y atender enfermos.

“Allí iba un padre a confesar a los enfermos y me preguntó si quería ser religiosa. Le dije que sí y él me llevó adonde las Hermanas Josefinas. Estuve con ellas como 4 o 5 meses en el hospital y de ahí me mandaron al noviciado”, relató la religiosa.

La hermana Crucita profesó como religiosa Josefina el 15 de agosto de 1947, a los 30 años. Actualmente, suele confesarse cada 15 días, rezar el Santo Rosario entre tres y cuatro veces al día, también recibe la eucaristía a diario, y cuando puede, asiste a dos Misas.

La madre indicó que su vocación religiosa siempre estuvo ligada con su profesión de enfermera.

A inicios de la década del 50 la hermana Crucita fue enviada al hospital de su congregación en Cuba. Más tarde, en 1952, llegó a Guadalajara y fue designada como enfermera en el Hospital Civil. Por muchos años fue supervisora de la sección de pediatría.

“Veo como sufren los enfermos y hay muchos que todo se lo ofrecen a Dios, no se quejan, ni nada. Entonces yo pienso, si ellos que están enfermos y piensan siempre en Dios, pues yo de qué puedo quejarme.  Cualquier cosa por mi parte es algo pasajero y se lo ofrezco al Señor”, destacó.

Sor María de la Cruz aseguró otro de sus secretos para seguir adelante, siempre ha sido sentirse acogida por la misericordia Dios: “yo sé que Él me ama mucho más de lo que yo lo amo. Siempre he estado pensando que Él me busca, me llama, que siempre está conmigo. Si alguna cosa me pasa, Él vela luego por mí”.

Finalmente, le pidió a los jóvenes que confíen “plenamente en Dios, en el amor que Él nos tiene”, porque “Él nos ayuda y nos da paz”.

El jueves 23 de noviembre en el Templo de Nuestra Señora de Belén y San Miguel Arcángel (Calle Hospital 290-B), se celebrará una Misa de acción de gracias por su cumpleaños número 100.

La hermana Beatriz Escamilla, una religiosa Josefina de 44 años y amiga de la Madre Crucita, destaca sobre ella su capacidad de “valerse por sí misma”.

“Empieza su rutina desde las 5:00 a.m., porque lleva un ritmo más lento, y luego llega a las 7:00 a.m. a la capilla. Es de las más puntuales y a veces nos gana a todas.  A veces quien abre la capilla es ella”, sostuvo.

Además, destaca de la hermana Crucita su fervorosa oración por “las vocaciones y por quienes estamos aún el campo del apostolado”.

“Tiene una hora dedicada a la oración ante el Santísimo Sacramento para pedir especialmente por estas necesidades”, añadió.

Finalmente, dijo que si bien algunas veces las situaciones en el hospital son difíciles y la colocan en crisis, la madre Crucita siempre viene y le da ánimo.

“Es una persona que atrae por la paz que transmite. Da una enseñanza de alegría, paz, perseverancia, entrega y sacrificio”, concluyó.

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