Fallece Sor Celina de Jesús: Un Testimonio de Devoción Inquebrantable
La comunidad católica y la Orden de las Clarisas lamentan el fallecimiento de Sor Celina de Jesús, quien partió a la Casa del Padre el pasado 12 de octubre.
La religiosa clarisa, residente en el convento de Salvatierra, España, nos dejó a la venerable edad de 94 años, culminando así una existencia marcada por una entrega total.
Lo más conmovedor de su partida es la coincidencia temporal: su fallecimiento ocurrió precisamente el día en que conmemoraba 75 años de vida consagrada dentro del claustro, un hito de profunda fe y perseverancia.
Siete Décadas y Media al Servicio del Señor
Setenta y cinco años de vida en el convento no es solo una cifra, sino el reflejo de una vocación ininterrumpida y un amor profundo por el Señor.
Sor Celina de Jesús encarnó la esencia de la vida contemplativa, dedicando su juventud, madurez y ancianidad a la oración, el silencio y el servicio a Dios y a su comunidad.
Su trayectoria es un ejemplo luminoso de fidelidad a los votos religiosos y al carisma de Santa Clara de Asís, fundadora de la Orden de las Hermanas Clarisas.
La Humilde Misión de la Portería: Cuatro Décadas de Acogida
Durante cuatro décadas, Sor Celina de Jesús desempeñó un rol fundamental dentro del convento: fue la hermana encargada de atender la portería.
En una orden de vida contemplativa, donde las religiosas viven en clausura, la portería es el puente vital entre el mundo interior del convento y el exterior.
Este servicio, aparentemente sencillo, requiere de una gran caridad y discernimiento, siendo la primera cara amable y la voz acogedora para quienes se acercan al monasterio, ya sea en busca de oración, ayuda o simplemente para dejar una entrega.
A través de la portería, Sor Celina fue la embajadora de la comunidad clarisa, compartiendo un rayo de la paz y la espiritualidad que se vive tras los muros del claustro.
Un Legado de Fe y Resistencia Espiritual
La vida de Sor Celina de Jesús es un faro para los fieles, un recordatorio de que la entrega absoluta es posible y que la vocación religiosa puede florecer a lo largo de una vida plena.
Su fallecimiento en el mismo día que celebraba sus bodas de platino conventuales, es percibido por muchos como un signo de la Providencia Divina, una culminación perfecta para una existencia enteramente dedicada a Dios.
Su testimonio de vida, marcada por la humildad, el servicio y una inquebrantable fe, seguirá inspirando a futuras generaciones de religiosos y laicos.


